Mucho tiempo sin escribir. El rincón acumula polvo y pelusas y la seca Salsola rueda al son de un débil silbido de fondo. No es falta de tiempo. Tampoco estoy herida de guerra, no me he extraviado en la selva ni me ha capturado el enemigo. Sólo es pereza y las vacaciones de la imaginación.

Un día de estos volveré a ser yo.

He estado haciendo cosas mientras abandonaba el blog a su suerte. Cosas cotidianas. He sucumbido a la criminal rutina urbana creadora de autómatas -esa mata muchas más neuronas que una borrachera de orujo-. Y he entrado -mea culpa-, he visto, he leído, he pensado, he tecleado cien veces y he borrado para luego salir.

He regresado de algún lugar. He estado en cientos en cuerpo. En miles en alma -en la Luna también-. Pero sólo en un par han coincidido. Y ya me he cansado de viajar. Es el momento de concentrarse, apuntar, lanzar el dardo y acertar en la diana.